miércoles, 10 de enero de 2007

¿Qué hay de nuevo, viejo?

La educación obligatoria es la base de nuestra sociedad, es decir, son los cimientos en los que se sustenta toda nuestra estructura. Cuanto mayor sea esta base, mejor dotados estarán los ciudadanos, más libertad tendremos. Sin embargo, hay demasiados intereses que no permiten que está educación sea lo suficiente significativa para la mayoría de la población.

Para ello, los profesores tendrían que desempeñar un papel más allá del mero enseñante y constituirse como un auténtico educador, más allá de las especializaciones, porque el objetivo de la educación obligatoria es formar para la vida, es la “creación de seres humanos”, tanto para los que prosigan sus estudios, como para los que abandonen definitivamente el sistema escolar, y se conviertan en trabajadores.
Actualmente se contempla la educación obligatoria, y fundamentalmente la secundaria, como una preparación para el bachillerato, y éste a su vez para la universidad, ¿por qué no dotarles de un contenido valioso en sí mismas? Pero, el núcleo esencial de la educación debe consistir en despertar la inquietud por el conocimiento, según el interés de cada persona. Para ello, debe abarcar multitud de ámbitos, para que cada uno pueda escoger el que más se adecue a él, le motive o se le de bien.

Así, el currículum tiene que responder a los intereses globales de un modelo de ser humano y de sociedad, teniendo en cuenta la singularidad de cada alumno. Esta tarea es bastante complicada, debido a que los criterios estándares, no se pueden contemplar como tales, la enorme diversidad nos conduce a una nueva concepción, o mejor dicho a nuevas concepciones. Con el continuo cambio existente, conviene revisar los hábitos utilizados el la práctica educativa, no sirve de nada hacer pervivir prácticas más allá del tiempo en el que tuvieron sentido y vigencia; aunque pueden, y deben, constituir un punto de partida, donde poder reconstruir la práctica docente.

La escuela se tiene que convertir en un lugar, donde se pueda observar la cultura en la que estamos insertos de forma crítica y reflexiva. Donde el sujeto tome conciencia de las limitaciones que se plantean en ella, así como la existencia de otras culturas, de sus limitaciones, y como no, de sus valores. En esencia, la adquisición de los alumnos de una ética cultural, que vaya más allá de la propia cultura, pero que no esté en discrepancia con ella, hay que tener en cuenta, la posterior inserción en ella, como un agente más.
En relación a esto último, hay que educar en contacto con el mundo, porque de nada sirve estudiar elementos abstractos, sino se contextualizan en el entorno, para así lograr el aprendizaje significativo, como dijo Bruner “educar es una forma de vivir la cultura no de almacenarla”, Posteriormente se pueden ir introduciendo contenidos que superen la concreción inicial. Principalmente, para los sectores más débiles, que se sitúan en desventaja social, porque sin duda les va a poder permitir adentrarse en la complejidad social, que de otro modo, quizás no podrían acceder.
El profesor tiene que actuar como un mediador cultural, que indique las distintas posibilidades, opciones, visiones, etc. a los estudiantes.

Las herramientas básicas de las que dota la escuela, para poder adentrarse en el mundo codificado del que habla Gimeno (2000), son la lectura y la escritura. Son imprescindibles para alcanzar la justicia social, y aunque según las estadísticas sólo un pequeño porcentaje se les considera analfabetos, hay que tener en cuenta que el analfabetismo funcional está muy presente en nuestra sociedad, sobre todo, en los sectores más desfavorecidos. Ambas debemos dotarlas de significado, para que se puedan ejercer de forma autónoma. Sobre todos debemos hacer hincapié en la escritura, ya que, no es tan común en la vida cotidiana, si la comparamos con la lectura. Debemos permitir que nuestros alumnos expresen sus sentimientos, emociones, o cualquier cosa, para que ello, conduzca a que estructuren su pensamiento y adquieran una mayor madurez mental, y no consista en un instrumento aburrido empleado en multitud de tediosos trabajos y castigos. Por otro lado, el aprendizaje escolar debe beneficiarse de la enorme variedad de informaciones y de fuentes culturales, seleccionando las más sustanciosas de una manera fundamentada.

El profesorado, más que nunca, adquiere una vital importancia, de ellos en buena medida depende la calidad del sistema educativo, para ello es necesario primeramente su compromiso social, y sobre todo, el apoyo de toda la sociedad, porque como sabemos las escuela no está sola en el la educación, sino que existen una gran variedad de agentes de socialización que configuran todo este entramado.

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Ante todo daros las gracias por consultar mi blog, espero que esto sea el comienzo de la elaboración de un gran espacio de concimiento en el que todos podamos aprender. Silvia